"Dormir es distraerse del mundo" decía el insomne Borges. Pienso mucho en esta frase, no sé qué hacer con tantas horas desveladas; a causa de ellas voy distraída siempre. Mi pensamiento se ha vuelto denso, las ideas fluyen desordenadas y la razón no es muy efectiva a la hora de ordenarlas. Mi mente está cansada porque mi sueño está roto, partido en dos en la madrugada, golpeado por el insomnio. Eso me deja las horas de la mañana como las únicas lúcidas, pasado el mediodía arrastro mi discurrir sin conseguir que apenas ande.
Cuando pasar algunas horas de la noche sin poder dormir se convierte en un hábito, en una mala costumbre y, cada vez que me despierto en algún punto de la madrugada, compruebo que aún no ha llegado el día, me invade una sensación de angustia, aburrimiento y enfado. Durante unos segundos me parece que ha acabado la noche y apenas ha durado la ausencia del mundo real dos horas. Todo lo que va a suceder ya lo conozco debido a la repetición, y con fastidio compruebo cómo vuelve a ocurrir exactamente igual que las noches anteriores: vueltas en la cama, cambios de postura, cuentas infinitas... Mi pensamiento divaga y se llena de reflexiones oscuras, inciertas. Terrores nocturnos cotidianos que la luz del día difuminará como si de una mala ensoñación se tratase. Todo se perderá, todo menos el cansancio.
Podría juntar todas las horas desveladas y coserlas. Un gran tapiz que podría colgar en el techo para mirar durante las noches de sueño extraviado.
Podría juntar todas las horas desveladas y coserlas. Un gran tapiz que podría colgar en el techo para mirar durante las noches de sueño extraviado.
Rubén Darío describe en su poema "Nocturno" (incluido en Cantos de vida y esperanza, 1905) el transcurrir de ese tiempo amargo:
Los que auscultasteis el corazón de la noche,
los que por el insomnio tenaz habéis oído
el cerrar de una puerta, el resonar de un coche
lejano, un eco vago, un ligero rüido...
En los instantes del silencio misterioso,
cuando surgen de su prisión los olvidados,
en la hora de los muertos, en la hora del reposo,
sabréis leer estos versos de amargor impregnados...
Como en un vaso vierto en ellos mis dolores
de lejanos recuerdos y desgracias funestas,
y las tristes nostalgias de mi alma, ebria de flores,
y el duelo de mi corazón, triste de fiestas.
Y el pesar de no ser lo que yo hubiera sido,
y la pérdida del reino que estaba para mí,
el pensar que un instante pude no haber nacido,
¡y el sueño que es mi vida desde que yo nací!
Todo esto viene en medio del silencio profundo
en que la noche envuelve la terrena ilusión,
y siento como un eco del corazón del mundo
que penetra y conmueve mi propio corazón.
[Hace no mucho esta era mi rutina nocturna. Ahora mis ojos se quedan cerrados durante toda la noche].
los que por el insomnio tenaz habéis oído
el cerrar de una puerta, el resonar de un coche
lejano, un eco vago, un ligero rüido...
En los instantes del silencio misterioso,
cuando surgen de su prisión los olvidados,
en la hora de los muertos, en la hora del reposo,
sabréis leer estos versos de amargor impregnados...
Como en un vaso vierto en ellos mis dolores
de lejanos recuerdos y desgracias funestas,
y las tristes nostalgias de mi alma, ebria de flores,
y el duelo de mi corazón, triste de fiestas.
Y el pesar de no ser lo que yo hubiera sido,
y la pérdida del reino que estaba para mí,
el pensar que un instante pude no haber nacido,
¡y el sueño que es mi vida desde que yo nací!
Todo esto viene en medio del silencio profundo
en que la noche envuelve la terrena ilusión,
y siento como un eco del corazón del mundo
que penetra y conmueve mi propio corazón.
[Hace no mucho esta era mi rutina nocturna. Ahora mis ojos se quedan cerrados durante toda la noche].
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