sábado, 26 de septiembre de 2015

Lluvia de sábado

Esta mañana escuchaba la lluvia en las contraventanas antes de que sonara el despertador, y no ha parado desde entonces. Así que hoy no ha sido un sábado para ir al mercado, al Marché des Lices: pasear por la ciudad con ritmo despistado, caminar entre los puestos coloridos de frutas y verduras al aire libre, oler el pescado fresco y los frutos de mar que me recuerdan a mi ciudad para, después de comprar unos tomates y tal vez, algo de fruta, adentrarme en uno de los mercados cubiertos. En ellos hay gran variedad de productos regionales y artesanos como panes, quesos, dulces, mermeladas y, también, puestos de comida de otras nacionalidades. La mayoría de la gente que se mueve por este espacio lo hace con lentos pasos, deteniéndose a veces repentinamente. Es corriente chocar ("pardon") o que alguien te dé un empujón; pequeños accidentes que quedan borrados de la mente apenas han sucedido. 

Hay muchos puestos que ya son conocidos (aún no me atrevo a decir familiares) que forman parte de esa rutina tan sencilla como especial. Es otra manera de conocer la ciudad, de ser parte de ella convirtiéndose al mismo tiempo ella en parte de ti, en parte de esos lugares que conforman tu mundo y tu vida en este momento y que, sin duda, pasado el tiempo serán recuerdos indisolubles, vivencias, de esos espacios urbanos.

Hoy no he podido visitar el mercado, pero el parte meteorológico dice que estas lluvias con su cielo gris y pesado se marcharán pronto. La semana que viene volveremos a la sencilla rutina de los sábados.

No hay comentarios: