El primer sorbo del primer café de
la mañana. Saltar de línea a línea. Aún
en la memoria las imágenes de los sueños, mezcladas algunas y nítidas
otras. Hay una que es fija, inmutable, o será que yo no me muevo. Porque
me veo desde fuera, en la calle, en la calle antigua del Aire, justo en
medio, antes de subir la cuesta de la baronesa. La vieja catedral de
Santa María está al fonfo y yo detenida a la luz del mediodía,
tranquila. Esa es la imagen que me acompaña al despertar en esta otra
ciudad gris y lluviosa, de mal carácter a veces. Una vieja mujer desdentada con su vestimenta tradicional,
siempre de negro salvo la cofia blanca, mira hacia su región,
hacia dentro.
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